Como el algodón, el apellido tampoco engaña. Ruth es hija de Antonio Vaquerizas, decano de los representantes españoles con sus más de dos décadas de trabajo, más de veinte años en los que ha colaborado con tal número de ciclistas que, juntos, podrían sumar dos pelotones de una gran vuelta por etapas. "He crecido con este deporte y llevo mucho tiempo colaborando con mi padre. El ciclismo es como una imposición familiar", bromea ella.
Más que un contrato
A Ruth, ciclista esporádica con afán recreativo, admiradora de Pedro Delgado y sobre todo Miguel Indurain ("tan señor como fenómeno"), se le presentó la oportunidad vía paterna. "Mi padre –recuerda– debía hacer esa prueba y decidí acompañarle. Aunque trabajo en una productora televisiva, pensé que algo así nunca está de más. Y más en estos tiempos".
"Representar a un ciclista no solo se centra en cerrarle un contrato –reflexiona Antonio, quien finalmente sacó un 7,5 en el examen–; es servirle de consejero, cuidarle para que emocional y físicamente se encuentre perfectamente y, sobre todo, ser un amigo al que pueda recurrir".
Un mundo aún muy masculino
Ruth es una pionera en un deporte donde, más allá de su apasionante modalidad femenina, el pedaleo más mediático ha sido cosa de chicos y los besos del podio, cuestión de ellas. "Sí, es cierto que las mujeres han tenido poca cancha y que me gustaría que no hubiera sido así, pero afortunadamente poco a poco va cambiando", reflexiona.
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