Suena paradójico, pero en Montreal la velocidad no consiste sólo en ir rápido. Frenar es la operación más importante de la ecuación. El circuito Gilles Villeneuve pone a prueba las bridas de los fórmulas y propone otro juego: medir si los inabordables Red Bull son también poderosos sobre un trazado inconveniente para ellos.
Largas rectas y siete puntos de frenado configuran un paisaje nuevo. Red Bull es inalcanzable de momento en circuitos con enormes curvas, donde su agarre al suelo es implacable. Su solvencia en Canadá, sin embargo, figura entre interrogantes. Si también gana aquí, la temporada puede ser demasiado larga para sus contrincantes. Pero en Montreal los coches energéticos no vuelan en los giros. Tienen que gestionar al menos cuatro frenazos a más de 310 kilómetros por hora. Ferrari no tiene suficiente carga aerodinámica, pero su sistema de frenado y caja de cambios ha funcionado como un reloj hasta la fecha. Como se vio ayer en los entrenamientos libres, por ahí puede reducir disgustos.
Como en todas las escuderías, el reto de los ingenieros de Ferrari es conseguir que el sistema de frenado no decaiga durante las setenta vueltas y que no afecte a la refrigeración. En la curva 10 del trazado, los monoplazas tienen que pasar de 316 kilómetros por hora a 60 en menos de 130 metros y seis segundos -más o menos, el tiempo que tarda un fórmula 1 en detenerse completamente-. Eso equivale a algo así como lanzarse al vacío en una montaña rusa o a lo que sienten los astronautas al despegar una nave espacial.
La potencia que ejerce un piloto sobre el interruptor en el pie es de 2.000 newtons, como levantar 200 kilos de peso para una persona de complexión normal. Y la temperatura que alcanzan los discos de carbono en Montreal puede llegar a los 1.000 grados. Mandan dos pedales, el acelerador y el freno.
Hace unos años, cuando Valentino Rossi probó el Ferrari que ahora conduce Alonso, las gentes de la Fórmula 1 se frotaron las manos. Sabían que el gigante de las motos no sería capaz de frenar como los pilotos de los coches. «Eso limitará su progresión», contó Pierre Dupasquier, antiguo gerente de Michelín: «Las motos no frenan como los coches». El frenazo se traduce en una sacudida violenta, exagerada, para la que no está preparado una persona normal. En las exhibiciones de fórmulas biplazas, es habitual que el pasajero que viaja de paquete salga del coche con una sensación de mareo total.
Estilos contrapuestos
Los pilotos aprenden a frenar no sólo en el coche, sino en la máquina de los reflejos, el batak. Un invento que consiste en tocar células luminosas esparcidas por un tablero en el menor tiempo posible. Fernando Alonso tiene el récord en su antiguo equipo (Renault): 138 toques en un minuto, a casi dos impactos por segundo.
Difícil de apreciar a través de la televisión, cada piloto tiene un estilo al posar su pie sobre el freno. Schumacher y Hamilton apuran al máximo a fin de conservar la máxima velocidad en la recta y su reducción es muy brusca. Alonso es más intuitivo. Tarda en hacerlo y mantiene la presión sobre el pedal para salir más rápido en la curva....
El rendimiento de los motores y el manejo de los frenos invirtieron ayer la tendencia. Los Ferrari y los Mercedes sosegaron el habitual dominio de los Red Bull. Vettel, en un teórico fin de semana de complicaciones, arrancó muy mal. Se estrelló en el muro de los campeones y empieza a remolque el gran premio de las esperanzas para los demás.
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